MANIFIESTO
Mi taller es pequeño, está en una calle que mira al monte y siempre se aparca en la puerta.
Tengo un huerto entrando a mano izquierda y entre pájaros y silencio se mezclan las risas de las personitas que venís a aprender cerámica con nosotros.
Es común en todos los grupos conocer el nombre de quién tienes en frente o la otra punta del taller.
Mi idea de enseñar cerámica no es masiva, no es rápida, no va de neones y vinos que diluyan la esencia. Mi impulso primitivo es trasmitir el oficio, es enseñar a mantener una conversación con el material y que encuentres a través de él, el espacio para decir y expresar todo lo que la vida no nos permite con la rutina y las prisas.
Aquí paramos a coger aire y dejamos en la percha de la entrada la mochila del día a día.
Mi estudio es familiar, literalmente, porque mi padre (que lleva el oficio en vena) pasa y nos saluda y nos enseña y nos acompaña. Es familiar porque acabas queriendo a quien se deja en tus manos para crecer en creatividad y aprendizaje. Porque en los cursos no pasamos de diez. Porque a veces pasan cosas importantes como esa sensación (en la que me incluyo) de entrar a clase hecha polvo y salir nueva. Cualquier disciplina artística consigue estas cosas si se le da el espacio suficiente.
Es por eso que no marcho al compas de todos, si no al de cada uno. Cada uno su proyecto, cada uno su tiempo y cada uno su ritmo. No tengo prisa porque te lleves a casa sesenta piezas al final de año. Sí me apremia el deseo de que salgas de clase sintiéndote mejor que entraste, o respirando hondo, o con la adrenalina por las nubes porque has conseguido dar un pasito más, o habiéndole ganado la batalla a la frustración.
En fin, esas pequeñas cosas que nos construyen y vienen de una capa mucho mas profunda que lo que la rutina nos permite ver.
De formación ceramista, diseñadora de producto y monitora de yoga. De alma agricultora, costurera, un poco música y escritora de algún verso. Madre de dos: niña y niño. Espíritu inquieto y bastante arraigada al sitio al que creo que pertenezco. Mi libro favorito es Walden de Thoreau y me encantan las casa viejas.
Mi manifiesto es breve pero espero que conciso y amable.
Te invito a tomarte un café en la mesa de trabajo y conocernos, o conocernos más, o conocernos mejor. Te invito a parar y ser puro presente a través del barro. Te invito a mi taller, a mi casa y a esta forma de decir que poco tiene que ver con las palabras y mucho con las manos.
“Calma y alma” si tuviera que resumirlo en una frase hecha.
🙂